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miércoles, 23 de diciembre de 2015

El día que tuve mis primeros Chanel
23.12.15

El día que tuve mis primeros Chanel


Una tarde entre desfiles durante mi último New York Fashion Week, caí en Barneys New York con unos amigos (ir de compras con colegas fashionistas es un peligro para mi bolsillo). Recuerdo que mientras estaba mirando carteras en el primer piso de la tienda algo me decía que suba a la sección de zapatos, por algún motivo pensé que la única compra que haría durante ese viaje serían unos cuantos básicos en Uniqlo, cosa que en realidad no pasó pues como buena compradora compulsiva, ni bien veía algo lindo y después de analizar una que otra vez mi lista de cosas por comprar, llevaba todo lo que me gustaba (o bueno, casi todo).

Si tengo una debilidad en la vida además del helado de maracuyá en verano y los chicos con barba, es el shoe shopping. Puedo pasar horas viendo zapatos en Shopbop y Nastygal, probándome lo nuevo de LalaLove e incluso guardando fotos de los modelos que me inspirarán el día que decida lanzar mi propia marca de calzados. En una oportunidad me preguntaron cuántos zapatos tengo y la verdad no pude terminar de contarlos, por más depuraciones que haga a mi clóset, ¡siempre aparecerán más!

En fin, volviendo a mi relato. Había un par de zapatos que llamó mi atención hace unos meses, incluso hablé de ellos en un post. Eran unos hermosos Chanel de taco cuadrado y en dos tonos que semanas antes de que arranque el mes de la moda habían empezado a aparecer por todo mi feed de Instagram. Después de pensarlo muchas veces decidí que quizás serían una buena inversión, al fin y al cabo en algún momento de mi vida debería agregar a la famosa marca francesa a mi colección de ítems fashionistas y los zapatos Chanel son mucho más accesibles (en parte) que una cartera. Como dije alguna vez, no me gusta comprar cosas full price pero si hay algo en lo que tengo que gastar mis ahorros (después de los viajes, claro) es en carteras o zapatos que pueda usar por mucho tiempo y que no pasen de moda. Y aparentemente, estos zapatos son un clásico en pleno comeback.

Así que me dirigí a la sección de zapatos, donde una amable señora encontró los que quería y en mi talla. A todo esto, como siempre me pasa en Nueva York después de caminar tanto, mis pies eran una desgracia con alguna que otra curita tratando de tapar las heridas de batalla del ajetreo. Sin embargo, al probarme los Chanel, voilá! Todo se volvió más bello, todo era rosa, todo era fabulosidad. "¡Me los llevo!" Volteé los zapatos para ver el precio. $800 (más impuestos). Okey, tengo el dinero, he trabajado y ahorrado mucho todo este tiempo, ¿pero realmente lo valen? No me compraré nada más en todo el viaje y tampoco ningún otro zapato, estos van a tener que ser los que salgan a ver las calles durante todo el verano.

Tarjetazo. Vámonos a casa.

Una vez allí dejé los zapatos en su hermosa caja negra con letras blancas. Chanel. Nunca en mi vida había imaginado tener unos. Son hermosos. "¿Por qué nos los usas para tu próximo desfile?" me preguntó un amigo. ¡Porque no quiero que se ensucien!  No quería que les pase nada, eran de gamuza color nude, el material más delicado del mundo. Pero no importa, en Lima ando en mi carro todo el tiempo, el riesgo que se ensucien es muchísimo menor a que alguien en el metro neoyorquino los pise, o quien sabe.

Pasaron los días y no compartía mi nueva adquisición en ningún lado, solo les hice un pequeño video en Snapchat porque estaba demasiado feliz cuando los compré, pero esta sensación disminuyó y fue reemplazada con sentimientos de culpa e indecisión hasta finalmente, decidí devolverlos. Sí. Decidí regresar mis primeros Chanel. La idea de que se ensucien y que quizás al intentar limpiarlos algún error haga que pierdan su color natural o que arruinen todo el zapato me traumatizaba, y esto había desencadenado la terrible conclusión de que debería usarlos solo en ocasiones especiales. Y esto hizo que me desanime por completo, ¿tener una zapatos tan lindos pero que quizás cada vez que me ponga sea un trauma caminar por las calles? Ni mis carteras me dan tanto problema y hay una que otra más cara. ¿Por qué tenían que ser de gamuza? Si hubiese sido cuero, ¡otra sería la historia!

Quizás sea algo superficial, pero quisiera trasladar esta situación a la vida real. Muchas veces ahorramos o nos esforzamos mucho por conseguir algo y al final te das cuenta que no es lo que querías o que quizás no te sientes cómoda si ya lo conseguiste. No tiene nada de malo, si es que decides actuar rápido o encontrar una solución práctica. En mi caso, cambié los Chanel por mis hermosos botines Alexander Wang (que estaban la mitad de lo que había gastado al principio). Son negros y puedo usarlos en verano y en invierno sin que me preocupe de que algo malo les pase. En algún otro momento podré tener otros zapatos Chanel, o mejor aún, ¡una cartera! Aunque para eso tenga que ahorrar más, mucho más.


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Sole